Vivir en una casa hecha de ‘cannabis’

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Vivir en una casa hecha de ‘cannabis’

  • Material transpirable, ecológico, resistente al fuego o humedad y regulador de temperatura.
  • ‘Si hubiera más consciencia, todo el mundo viviría en una casa sana y no seguiría sufriendo sensaciones de malestar, enfermando y pagando facturas de energía para su climatización’.
  • Que el cáñamo sirve para mucho más que para el uso recreativo y terapéutico que ofrece la especie sativa (la marihuana) es algo que se conoce desde antiguo. Pese a que en las últimas décadas se haya estigmatizado a esta planta, la realidad es que históricamente se ha utilizado para la elaboración de multitud de productos. Desde vestidos hasta papel. Incluso las velas de los barcos que empleó Cristobal Colón para viajar a América o la bandera estadounidense con la que se firmó la Declaración de Independencia en 1776 estaban hechas con este material.

    La arquitecta alemana Monika Brümmer, afincada en Guadix (Granada), se dio cuenta de las virtudes de esta planta desde su época universitaria y en 1999 decidió fundar Cannabric, un estudio de arquitectura ecológica que emplea materiales biológicos para sus proyectos, especialmente el cáñamo. Brümmer fabrica desde entonces sus cannabrics, bloques de cáñamo que sustituyen al ladrillo convencional en sus construcciones. Pero no sólo eso, también paneles prefabricados, cañamiza para morteros y mantas aislantes o fieltros para la amortiguación acústica.

    “Y cada vez surgen productos nuevos, como los pellets de elevada densidad 100% vegetales, que se utilizan para soleras secas o aislamiento acústico-térmico entre las plantas o en paredes con cámara”, apunta Brümmer, apasionada por un material que aparte de ser un eficiente regulador de la temperatura, es transpirable, ecológico y con el cual se consiguen compuestos resistentes al fuego y la humedad. “Es como una piel que nos protege de radiaciones, de ruidos y de la intemperie”, añade.

    Otra de las ventajas que ofrecen estos ladrillos es que no necesitan de pilares ni de ninguna otra estructura vertical complementaria para levantar las paredes. Además el cáñamo, se puede utilizar indistintamente tanto en obra nueva como en proyectos de rehabilitación, como los desarrollados por Cannabric en viviendas rurales, turísticas y hasta en cuevas.

    El uso del cáñamo en la construcción no es tampoco algo nuevo. Ya a principios de los 90 se comenzaron a levantar edificios con materiales derivados de esta planta en Francia, donde no había ningún tipo de prohibición. Actualmente en Estados Unidos están comenzando a emerger varias empresas que también se dedican a trabajar con cannabis, beneficiadas en parte por la apertura legal que se está produciendo con respecto a la marihuana en los últimos años.

    ladrillo hechos con cañamo

    Por si alguno todavía relacionara este material con la droga, Brümmer aclara que el cáñamo industrial “tiene un índice de THC (el componente psicoactivo del cannabis) bajísimo, nada en comparación con la marihuana”. Las variedades que se utilizan para elaborar este material, que suele ir acompañado de ligantes naturales, rondan el 0,3% de THC, un porcentaje muy inferior al entre 5% y 10% en el cual oscila el de las variedades alucinógenas y terapéuticas. Pese a ello, quien se dedique al cultivo de cáñamo tiene que reunir una serie de requisitos, según apunta la arquitecta.

    Brümmer reconoce que, por ahora, este tipo de construcciones ecológicas no están muy extendidas y para ella prima más el placer de hacer lo que le gusta sobre la rentabilidad. “El ladrillo convencional tiene más clientes actualmente, igual que la comida malsana o los fármacos sintéticos, que se consumen más que la medicina natural. Si me dedicara a vender bloques de hormigón me ganaría la vida fabricando cantidad, no calidad de vida”, explica.

    El precio de los materiales va, por tanto, en relación a la escasa demanda y a la reducida producción de los mismos. Cannabric vende su mortero ligero a partir de 135 euros el metro cúbico. En el caso de los pellets aislantes, un producto ya elaborado, la suma asciende hasta los 300 euros. “Esto cambiará cuando el usuario lo vaya solicitando a gritos”, continúa Brümmer, que sentencia: “Si hubiera más consciencia todo el mundo viviría en una casa sana y no seguiría gastándose dinero en casas mal hechas, sufriendo sensaciones de malestar, enfermando y pagando facturas de mantenimiento y energía para su climatización”.

    Fuente: www.elmundo.es
    http://www.elmundo.es/economia/2015/07/16/55a37698268e3ee4588b456e.html

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